¡De taquillas no vive… Llaneros F.C.!

Alfonso Sierra, columnista invitado.

Si bien es sabido que de las entradas por boletería no viven los equipos de fútbol, salvo casos excepcionales, que como las brujas – ‘los hay los hay’ -; lo de Llaneros FC, claro que tampoco sorprende, desde luego, raya en la línea de la pobreza por no decir miseria en ese sentido.

Basta mirar las cifras para comprender mucho del porqué de la realidad financiera del equipo ahora vestido de naranja y negro, en su primer uniforme. En lo que llevamos del 2017 el club llanerista ha jugado en el estadio Manuel Calle Lombana ocho partidos por el Torneo Águila y tres por la Copa Águila, esta última con entrada gratis.

Aunque haga desplegar los ojos y mover al extremo las cejas, la totalidad de los ingresos por taquilla en esta temporada no ha sobrepasado 10 millones de pesos, ‘lo que en plata blanca’, como dice mi mamá, representa para el club de Villavicencio cerca de 1.250.000 pesos por partido, en promedio. La mejor entrada no dejó más de 3.000.000 de pesos.

Pero si el pírrico monto de lo percibido por boletas pagadas produce natural asombro, ni hablar lo que causa comparar lo entrado con los gastos. El montaje de cada juego a Llaneros le cuesta, pesos más pesos menos, cuatro millones (2.500.000 por concepto de arbitraje y 1.500.000 que demanda el costo del personal de logística).

Como las matemáticas no han cambiado, desde que las creó el griego Pitágoras, las cuentas son simples y saldan en rojo para las arcas de un equipo de por sí sumido en una difícil problemática económica. A Llaneros Fútbol Club haber disputado cada partido en el estadio Macal a cambio de haberle dado utilidades, le generó pérdidas. De acuerdo con los ingresos de este año, 2.750.000 pesos ha sido el déficit por compromiso.

Mirando los números podría creerse de ‘sopetón’, como suele pronunciarse en las tierras fértiles de Nairo Quintana, que los hinchas no respaldan y que en las tribunas asustan. Pues no, la sorpresiva campaña de un equipo que gana, gusta y hasta golea – la perfección del fútbol -, ha hecho que la cantidad de aficionados crezca exponencialmente a tal punto de casi llenarse el sector de occidental. Para el Macal, en las épocas recientes, eso es ¡muchísimo!

La capacidad del máximo escenario para el balompié que posee la capital del departamento del Meta es de 11.000 mil espectadores, según el estudio técnico suministrado después de instalarse silletería en las tribunas más grandes, occidental y oriental, cada una con 3.500 puestos disponibles. En norte y sur, caben 5.000 hinchas, 2.500 por sector.

En un país sobrecargado de ‘aficionados exitistas’, donde se va a los estadios cuando los equipos son líderes, dan de qué hablar bien o juegan contra rivales famosos (que curioso, sin quererlo ni proponérselo estos hinchas terminan yendo es a ver los rivales), no es extraño que el volumen de seguidores de los equipos aumente con el pasar del campeonato. Ah mucho que nos falta aprender de otras latitudes en las cuales las graderías se copan generalmente así el equipo del corazón sea último o juegue contra el colero.

El inesperado éxito de un juvenil Llaneros convertido en rotunda incertidumbre iniciando el año, propició que de los 100 o 200 hinchas que no le fallan, ‘Juancho Polo’, uno de ellos, se haya pasado a superar lejos esos esas cantidades en algunos encuentros. A ojo de buen cubero, más del 60 por ciento de la zona de occidente ha llegado a estar ocupada, lo que permite calcular que en esos partidos la asistencia rondó los 2.000 espectadores.

Entonces, por qué tan bajos ingresos para Llaneros Fútbol Club en su bolsa general hasta el momento. “Elemental…” como escribiera tantas veces el literato Sir Arthur Conan Doyle en sus prestigiosas novelas del detective británico Sherlock Holmes. Mucha gente entra al estadio Macal con boletas de cortesía, o simplemente no paga.

Compromisos entre la Dimayor y el patrocinador de la Primera B hacen que el onceno llanerista deba entregar al mismo 400 boletas por juego, entradas a las que se agregan las suministradas a su propio sponsor y a medios de comunicación, dentro de la estrategia institucional de incentivar la presencia de espectadores. De ahí que al final, sean muy pocos los hinchas que realmente llegan a comprar boletos.

Volviendo con el cálculo aproximado de 2.000 hinchas, planteado como una de las mejores entradas vistas en esta temporada; en el escenario del estimado, por supuesto, resulta posible un ejercicio. El costo de ingreso a occidental general es de 15.000 pesos, si 1.500 hinchas pagaran aportarían 15.000.000 de pesos, y si 500 más pagaran por ubicarse en VIP o preferencia, donde vale 30.000 pesos la boleta, sumarían 15.000.000 de pesos más. Conclusión, la taquilla sería de 30.000.000 de pesos.

Nada del otro mundo, tampoco, pero para un equipo como el llanerista cuyo costo de nómina está hoy por 75.000.000 de pesos mensuales, reunir en un partido poco menos de la mitad del valor salarial, es de mucha ayuda, “elemental…”. Pero la realidad, real, entre el número de aficionados y lo que queda en las arcas del equipo a la hora de ‘nones’ es sideral. Eso sí, todos gozan con los triunfos, sufren o lamentan las derrotas, y se preocupan y critican cuando hay amenaza de paro de los jugadores.

Ni siquiera se compró en grueso número la llamativa promoción de abonos. Entrar a 11 partidos, ocho del Torneo Águila y tres de la Copa Águila, valía 80.000 pesos para VIP y 50.000 para occidental general. Más sencillo, ingresar por juego en la primera de las tribunas costaba 7.272 pesos y en la segunda 4.545 pesos. Un ahorro notorio, el valor normal de esas entradas venía a ser de 330.000 pesos y 165.000 pesos, respectivamente. Muy pocos hinchas fieles aprovecharon la ganga y se volvieron abonados.

Aunque es cierto que los clubes de fútbol no pueden presupuestarse dependiendo de las taquillas, y que parte de sus ingresos está en patrocinios propios, venta de jugadores o entradas por derechos de televisión y de patrocinios de los campeonatos, por ejemplo; no es menos verdad, lógico ni justo que un club reciba en promedio 1.250.000 pesos en cada partido, y, peor aún, que pierda 2.750.000 mil pesos por brindar un espectáculo. ¿Puede ser viable financieramente así un equipo de fútbol en cualquier lugar?