Lo de Llaneros Fútbol Club, no es fortuito

Podrá sorprender lo que hace Llaneros Fútbol Club a quienes siguen el Torneo Águila no más que mirando o escuchando las frías cifras de los marcadores y las tablas de posiciones, pero nunca a aquellos que han visto el equipo a lo largo de este año.

Quien sepa algo de fútbol, y, desde luego, haya seguido con detenimiento al onceno dirigido por Jairo Leonard Patiño Rosero y Armando Maldonado en todo el 2017, tiene claro el porqué de lo que logra en la recta final de la Primera B, a pesar de ligeros, precipitados e irreflexivos vaticinios de fracaso señalados a comienzo de temporada. Hablar es fácil, como dice mi papá.

Un principio filosófico aristotélico dice que ‘no hay causa sin su efecto’. Nada más cierto. Las cosas no son por que sí. Salvo casos producto de la fortuna o el azar, que es harina de otro costal, de la noche a la mañana resulta imposible conseguir buenos resultados, si estos no están precedidos por causales favorables que los ocasionen.

Volverse rico ganándose la lotería, sueño de muchos, es un hecho circunstancial, casi un accidente en medio de tan alta probabilidad matemática de perder, sin embargo, para sacarse el gordo primero se debe comprar el billete. Hasta en las cosas de la suerte, también de alguna manera juega la causa como principio del efecto.

Llaneros FC no llegó a esta semifinal porque se haya sacado el Baloto (ojalá se lo ganara, porque lo sacaría de tantas afujías económicas que lo agobian); lo alcanzó, fundamentalmente, por el trabajo y compromiso de su cuerpo técnico y jugadores. Para la muestra un botón. En sus cinco años, por primera vez en uno mismo, clasifica entre los ochos mejores de cada semestre.

El exitoso equipo llanerista, porque ya lo es, así no sea campeón o vea frustrada su ilusión de ascender, inició por el Génesis; seleccionar bien la dirección técnica y ésta con tino y cuidado, a los jugadores. Aplicando el precepto bíblico, muchos fueron los llamados o que pasaron por el telescopio técnico, y, como es entendible y lógico, pocos los escogidos. La selección fue correcta, los resultados lo demuestran.

A los que despliegan lo ojos y elevan las cejas, al ver lo que hace la ‘naranja mecánica colombiana’, es preciso y oportuno recordarles que Llaneros Fútbol Club es uno de los mejores visitantes del año, si no el mejor, y que en el Torneo Águila I clasificó de cuarto y terminó quinto en la tabla de posiciones del semestre.

Hay que refrescarles la memoria diciéndoles que en el Torneo Águila II clasificó séptimo a los cuartos de final en la última fecha, pero que pudo hacerlo mucho antes si no hubiera visto irse de su bolsillo, cuando los partidos ya expiraban, puntos que conquistaba ganándole de visitante a Pereira y Valledupar y de local a Unión Magdalena.

Un dato más que sirve de ilustración para comprender la fortaleza deportiva del Llaneros Fútbol Club que ahora ‘sorprende’. A domicilio derrotó con marcador de 1 a 2 goles a Barranquilla Fútbol Club, rival casi invencible en su patio y que estuvo de líder del campeonato.

Pero sigamos sumando. Del cuadro llanerista se proyectaron a mitad de año jugadores metenses básicos que hallaron oportunidades en el exterior. Cristian Valencia se unió al Árabe Unido del profesionalismo panameño y Marlon Sierra al Celaya Fútbol Club de la segunda división profesional de México. Manuel González se vinculó al Cúcuta Deportivo.

Otro detalle muy importante. Llaneros FC responde a la esencia del fútbol. Excelente condición individual llevada a la expresión colectiva de este deporte. No es un equipo que dependa de la particularidad, es la misma para él, en cambio, pieza articulada del juego de conjunto así inventado por los ingleses hace más de un siglo. Y con un plus que alegra y entusiasma, Llaneros FC llena pupilas con su belleza futbolística.

Perfecto no es, claro, la imperfección es parte de la naturaleza humana. El único perfecto es Dios. Pero son más sus virtudes y argumentos tácticos y estratégicos, que las fallas que se cometen en los partidos. Los resultados favorables y el espectáculo que tiene maravillada e ilusionada a su afición, dan fe de su solidez futbolística.

La buena campaña deportiva de Llaneros FC no cubre y oculta, sin embargo, las falencias estructurales notorias del club como institución empresarial deportiva que debe resolver lo más pronto posible para tener un buen presente y, en especial, un futuro prometedor que lo sostenga sólido en el tiempo.

De poco habría servido la buena selección de jugadores, jóvenes, principalmente, si no hubiera estado sustentado el proyecto deportivo en el conocimiento, pese a su inexperiencia, del técnico Jairo Leonard Patiño Rosero. Pero, sobre todo, a su sentido de pertenencia por una tierra que quiere como suya. Ese que tanta falta le hace a una plaza donde miles hinchan por equipos de ciudades que muchas veces ni conocen. ¡Vergonzoso y triste!

Ante las limitaciones financieras del club, para nadie un secreto, pagó con su pecunio el préstamo de una cancha para que el equipo no se parara y se moviera contra la Selección Meta el fin de semana que descansó por efecto del paro de pilotos de Avianca. Antes gestionó en la alcaldía de la capital del Meta y la Empresa de Acueducto de Villavicencio en pro de mejorar la presentación del estadio Macal. Eso es sentido de pertenencia.

En el éxito de Llaneros FC también coparticipa su directiva, sin su aporte no se hubieran logrado convenios que permitieron traer futbolistas o llevarlos a otros equipos y sostener a flote un club quebrado en una primera etapa directiva, donde llegó a deber casi 3.000 millones de pesos en algo más de año y medio. Administrar pobreza es muy difícil, y si a ello se suman deudas gigantes que atormentan, peor. Dejar de lado los directivos, sería mezquino e injusto.

Aunque no juegan en la cancha, su apoyo es fundamental para la existencia del espectáculo deportivo profesional. Un lugar en el cuadro del éxito tienen los sponsors, porque su apoyo económico ha hecho posible sacar avante un brillante equipo de fútbol. La Gobernación del Meta con su producto Aguardiente Llanero, Transportes Arimena y Agua Purita, merecen un aplauso por su respaldo financiero.

Y también, desde luego los aficionados. Son pocos, es verdad, pero fieles a una causa común, alentar una camiseta en la cual se sienten representados como seguidores del fútbol y originarios o residentes en una región sentida como propia, y que tiene equipo propio; contrario de sus paisanos que hinchan por camisetas de equipos prestados.